La tierra y el clima están cambiando … ¿y los cristianos dónde están?

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La tierra está cambiando. El clima está cambiando como manifestación de ello. Desde la revolución industrial hasta estos días, ha sido afectada por la humanidad más que en toda su historia junta. Inundaciones, terremotos, días más cálidos en algunos lugares, e inviernos más fríos en otros. En promedio la tierra ha sufrido en los últimos años un aumento en su temperatura, y está comprobado que, si bien la naturaleza tiene su parte (línea azul en el gráfico), la influencia dominante ha sido el hombre (línea roja) desde mediados del siglo pasado, como bien lo muestra el siguiente cuadro de la IPCC (Intergovernmental panel on climate change):

Captura de pantalla 2015-07-06 a las 22.47.58En la Argentina se dio a conocer días atrás la Tercera Comunicación Nacional sobre Cambio Climático en la que trabajaron más de 100 expertos, y que ubica a nuestro país con un 0,9% del total de las emisiones de gases en el mundo entero. O sea, menos del 1% (similar al del resto de los países de Latinoamérica), siendo que sólo 10 países (los más industrializados, entre ellos EEUU, China, y la Unión Europea) aportan el 72% de dichas emisiones que tanto dañan el ecosistema y aportan al efecto invernadero.

Parece ser una situación irreversible a esta altura. Por lo que la pregunta para los cristianos surge rápidamente: ¿qué rol estamos cumpliendo? ¿cuál es nuestro aporte?.

La Biblia nos da, como creyentes, los fundamentos para la clase de vida que llevamos. Muchos cristianos podrían decir que estas cosas fueron profetizadas y que es lógico que ocurran, porque hasta Jesús habló de ello para los tiempos finales (Mateo 24:5-8). Y no hay dudas de que estamos en esos tiempos. Pero la pregunta sigue latente y es: ¿qué estamos haciendo? ¿aportamos a este cambio climático viviendo desinteresadamente para con las generaciones emergentes? ¿Qué gestos le estamos dando a nuestros hijos acerca de la casa en la que Dios nos puso, la tierra, para vivir? Una vez más, la Biblia tiene para los que tenemos fe, la respuesta:

Génesis 1:26Reina-Valera 1995 (RVR1995)

26 Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra.»

El mandato de Dios sigue firme. Vivimos en otros tiempos, muchas cosas cambiaron, pero Dios sigue siendo el mismo. Su deseo para con el hombre está firme: que gobierne sobre la creación, una tremenda responsabilidad (Génesis 1.29-30).

Y dicha responsabilidad (al no ser tenida en cuenta) está visible en la tierra que trabajamos, a través de la agricultura. Los animales que están bajo nuestro dominio, muchos de ellos en extinción por la mala administración del hombre. El uso del agua a nivel global, un recurso escaso que preocupa cada vez más. Las enfermedades, la pobreza extrema, el acceso seguro a los alimentos que no puede ser garantizado.

¿Y los cristianos? La mayoría mirando de costado, a la espera del inevitable final. ¿Pero por qué no poner en práctica ahora, lo que fuimos llamados a hacer, y que un día haremos con Cristo al reinar en esta tierra? ¿Por qué no empezar ahora? Desde cada lugar, desde espacios de cooperación, haciendo cada uno su aporte. En lo personal y en lo colectivo. Desde lugares de gobierno, desde organizaciones, desde nuestras casas. Elevando nuestra voz con la autoridad que ya nos fue dada por Cristo, porque somos la Iglesia. Su Iglesia.

¿Esperar en los gobiernos? Algunos de ellos recién ahora piensan en medidas para mitigar el efecto. La mayoría apenas reaccionan frente a los desastres adaptándose a la nueva situación (subsidios para inundados, dádivas para necesitados). No alcanza.

Hay una autoridad espiritual en la tierra. Y no está sola. Es la Iglesia de Cristo (la que un día Él vendrá a buscar), que cuenta con la persona más importante: el Espíritu Santo. Pero tiene que ejercer su llamado y ser lo que es: un pueblo de Reyes y Sacerdotes (Apocalipsis 1:6).

Actuar. Retomar la responsabilidad otorgada por Dios desde la creación. Porque ya lo dice la Biblia:

Romanos 8:19Reina-Valera 1995 (RVR1995)

19 porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

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No le debas nada a nadie

Las deudas no suelen ser nada bueno. Eso no quiere decir que pedir prestado sea siempre malo. Si uno es inteligente y administra correctamente, se puede sacar un beneficio. Pero la verdad es que no es “lo mejor”. Mejor sería ser de los que prestan, antes de ser de los que piden prestado. La Biblia es una buena referencia para esto:

Romanos 13:7-8

Así que páguenle a cada uno lo que deban pagarle, ya sea que se trate de impuestos, contribuciones, respeto o estimación.No le deban nada a nadie. La única deuda que deben tener es la de amarse unos a otros. El que ama a los demás ya ha cumplido con todo lo que la ley exige.

Salir de las deudas siempre nos conviene. Y llegar al punto de no deberle nada a nadie, también. Simplemente el amar; eso es algo que tendríamos que hacer toda la vida.

La Biblia habla mucho de este tema. Y hasta dice que el deudor se vuelve esclavo de aquel que le prestó (Prov. 22:7). Es clave en la vida de un buen administrador salir de una situación como esa.
Todos tenemos algo para manejar. Pequeño o grande, a todos se nos ha dado algo. Y debemos saber invertir correctamente. Y pagar lo que debemos.

Inversión: esfuerzo que uno hace hoy, por el bien del mañana.
Deuda: lo que uno hace para disfrutar hoy, al costo del mañana.

Es un buen día para hacer lo que hay que hacer. Y salir de las deudas; se empieza dando un primer paso.

¿Eres rico o eres pobre?

 

Las personas suelen tener una idea pre-concebida de lo que es ser rico. Piensan, en su mayoría, que está relacionado a la cantidad y calidad de los bienes que poseen. De tener mucho, y en una medida superior a la media, se considerarían ricos. De tener lo mismo que los demás, se verán como personas comunes. Y de tener menos que el resto, pensarán que son pobres.

La Biblia nos muestra otro concepto acerca del ser rico:

2 Corintios 9.6-8  6 Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará.[a]7 Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría.8 Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes.

Siempre encontramos la palabra riqueza relacionada con prosperidad y abundancia. Es interesante mirar, que la abundancia tiene un fin en lo que acabamos de leer: el poder compartir con otros, haciendo buenas obras. No por casualidad está ligado al dar. Compartir con otros, y dar con alegría, no obligados, sino disfrutándolo, es la clave para el progreso y la riqueza.

La pobreza, la cual podríamos definir como lo hace la Biblia en su versión hebrea y griega, significa un “estado de mendigo”. Es estar siempre pidiendo algo. Por lo cual no necesariamente alguien es pobre por no tener bienes. Si se la pasa pidiendo, reclamando, necesitando buscar algo para cubrir lo propio, es una persona pobre.

El salmista dijo: “No he visto justo desamparado, ni su descendencia que MENDIGUE pan”.

Un justo no anda mendigando. El peor estado de un hombre no es perderlo todo; es, habiéndolo perdido todo, ponerse a mendigar.

Por el contrario, tener prosperidad, es no tener la necesidad de tener que pedir. Es tener para dar. Es tener para elegir. Es tener “muchas opciones”. No es tener bienes. Es poder elegir entre los bienes que uno quiera. Eso es prosperidad.

Dios dice que si sembramos mucho, tendremos mucho. Dios dice que puede hacer que tengamos todo lo necesario, en toda circunstancia, y para toda buena obra que queramos hacer. Se trata de una decisión: ¿quieres ser pobre? ¿quieres vivir siempre pidiendo? ¿o prefieres tener opciones para elegir?. El secreto está en tu interior. Si tu interior prospera y cambia, todo en el exterior también lo hará.