Por qué el pesimismo es humano y el optimismo es divino

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Nuestra actitud frente a las cuestiones de la vida revelan nuestro carácter. Muestran lo que hay en nuestro corazón, o lo que hemos dejado entrar allí. Una mala contestación, una reacción agresiva, o incluso una manera negativa de ver los sucesos pueden ser parte del problema.

En la Biblia hay dos ejemplos bien contrarios respecto a esto. Y son padre e hijo. Jacob, desde muy joven estaba lleno de conflictos: con su padre, con su hermano, luego con su suegro … y cada uno de esos problemas lo llevó a dejar el lugar en el cual estaba. José, uno de sus hijos, nunca buscó dejar su lugar, pero pareciera que algo lo llevaba de un espacio a otro, y no permitió que esos lugares lo definieran: ni el pozo en el cual lo tiraron sus hermanos, ni la casa en la cual trabajó como esclavo, ni la cárcel en la cual lo dejaron por un delito que no cometió.

¿La diferencia? La perspectiva con la cual veían las cosas. Jacob, quien fue transformado luego de su encuentro con Dios (la Biblia lo relata muy bien en Génesis 28), retuvo su actitud negativa aún hasta los últimos días de su vida (Génesis 47:9, nos muestra sus palabras al hablar con el Faraón). Pero José no era así; a pesar de todo lo que le había ocurrido, siempre fue optimista, y reconoció hablando con sus hermanos pasado el tiempo, que Dios lo envió allí para preservación de la familia (Génesis 45:5). Y que aún el mal que quisieron hacerle, Dios lo transformó para bien (Génesis 50:20).

Al final la diferencia entre padre e hijo es clara: la mirada humana de Jacob, contra la mirada celestial de José. El resultado, bien diferente y a la vista.

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La tierra y el clima están cambiando … ¿y los cristianos dónde están?

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La tierra está cambiando. El clima está cambiando como manifestación de ello. Desde la revolución industrial hasta estos días, ha sido afectada por la humanidad más que en toda su historia junta. Inundaciones, terremotos, días más cálidos en algunos lugares, e inviernos más fríos en otros. En promedio la tierra ha sufrido en los últimos años un aumento en su temperatura, y está comprobado que, si bien la naturaleza tiene su parte (línea azul en el gráfico), la influencia dominante ha sido el hombre (línea roja) desde mediados del siglo pasado, como bien lo muestra el siguiente cuadro de la IPCC (Intergovernmental panel on climate change):

Captura de pantalla 2015-07-06 a las 22.47.58En la Argentina se dio a conocer días atrás la Tercera Comunicación Nacional sobre Cambio Climático en la que trabajaron más de 100 expertos, y que ubica a nuestro país con un 0,9% del total de las emisiones de gases en el mundo entero. O sea, menos del 1% (similar al del resto de los países de Latinoamérica), siendo que sólo 10 países (los más industrializados, entre ellos EEUU, China, y la Unión Europea) aportan el 72% de dichas emisiones que tanto dañan el ecosistema y aportan al efecto invernadero.

Parece ser una situación irreversible a esta altura. Por lo que la pregunta para los cristianos surge rápidamente: ¿qué rol estamos cumpliendo? ¿cuál es nuestro aporte?.

La Biblia nos da, como creyentes, los fundamentos para la clase de vida que llevamos. Muchos cristianos podrían decir que estas cosas fueron profetizadas y que es lógico que ocurran, porque hasta Jesús habló de ello para los tiempos finales (Mateo 24:5-8). Y no hay dudas de que estamos en esos tiempos. Pero la pregunta sigue latente y es: ¿qué estamos haciendo? ¿aportamos a este cambio climático viviendo desinteresadamente para con las generaciones emergentes? ¿Qué gestos le estamos dando a nuestros hijos acerca de la casa en la que Dios nos puso, la tierra, para vivir? Una vez más, la Biblia tiene para los que tenemos fe, la respuesta:

Génesis 1:26Reina-Valera 1995 (RVR1995)

26 Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra.»

El mandato de Dios sigue firme. Vivimos en otros tiempos, muchas cosas cambiaron, pero Dios sigue siendo el mismo. Su deseo para con el hombre está firme: que gobierne sobre la creación, una tremenda responsabilidad (Génesis 1.29-30).

Y dicha responsabilidad (al no ser tenida en cuenta) está visible en la tierra que trabajamos, a través de la agricultura. Los animales que están bajo nuestro dominio, muchos de ellos en extinción por la mala administración del hombre. El uso del agua a nivel global, un recurso escaso que preocupa cada vez más. Las enfermedades, la pobreza extrema, el acceso seguro a los alimentos que no puede ser garantizado.

¿Y los cristianos? La mayoría mirando de costado, a la espera del inevitable final. ¿Pero por qué no poner en práctica ahora, lo que fuimos llamados a hacer, y que un día haremos con Cristo al reinar en esta tierra? ¿Por qué no empezar ahora? Desde cada lugar, desde espacios de cooperación, haciendo cada uno su aporte. En lo personal y en lo colectivo. Desde lugares de gobierno, desde organizaciones, desde nuestras casas. Elevando nuestra voz con la autoridad que ya nos fue dada por Cristo, porque somos la Iglesia. Su Iglesia.

¿Esperar en los gobiernos? Algunos de ellos recién ahora piensan en medidas para mitigar el efecto. La mayoría apenas reaccionan frente a los desastres adaptándose a la nueva situación (subsidios para inundados, dádivas para necesitados). No alcanza.

Hay una autoridad espiritual en la tierra. Y no está sola. Es la Iglesia de Cristo (la que un día Él vendrá a buscar), que cuenta con la persona más importante: el Espíritu Santo. Pero tiene que ejercer su llamado y ser lo que es: un pueblo de Reyes y Sacerdotes (Apocalipsis 1:6).

Actuar. Retomar la responsabilidad otorgada por Dios desde la creación. Porque ya lo dice la Biblia:

Romanos 8:19Reina-Valera 1995 (RVR1995)

19 porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Cómo vencer la preocupación

lavadora

Así como un “lavarropas” trabaja con la fuerza centrífuga sobre la ropa al asearla, la preocupación altera nuestra mente con pensamientos negativos. Si el movimiento de las prendas dentro del tambor del lavarropas realiza un cambio de “estado” en la misma, entonces la preocupación cambia nuestra posición para alterar nuestra paz.

La preocupación es un estado mental de turbación emocional.

Aclaremos algo: las emociones de por sí no son malas. Al contrario, están con un objetivo en nuestra vida. Pero también es cierto que existen las positivas y también las negativas. Y éstas últimas te mueven a una posición fuera de la voluntad de Dios. Jesús, el ejemplo a seguir por todo cristiano dijo:

Juan 14:27
27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

La responsabilidad HOY está en nosotros. No debemos dejar que nuestro corazón se turbe. De hecho, cada vez que nos preocupamos, es por nuestra decisión. No hay dudas que los problemas vienen con el objetivo de que tengamos miedo, pero Cristo fue claro al respecto: “… ni tengan miedo”.

Cuando estamos “en Cristo”, al creer en él, nuestra posición pasa a ser la de estar junto con él. No descubrimos nada con ello, pero encierra la verdad más fundamental de un cristiano: saber quién es, lo que puede, y lo que tiene ahora. Y el enemigo siempre querrá sacarnos de esa posición. Tristemente, logra sus objetivos cuando nos preocupamos.

El miedo y la preocupación van de la mano. Por esto te animo a que hoy te preguntes: ¿Por qué me preocupo? ¿A qué le tengo miedo? ¿A dónde me lleva esto?. Si la fe viene por oír la Palabra de Dios, como dice la Biblia, el miedo viene por oír o pensar en lo malo que podría pasar.

Pensemos en esto: las áreas de duda en nuestra vida, siempre traerán temor.

No dejes que el miedo te domine. No vivas preocupado. Muchos le dan tanto lugar a todo esto, que llegan al nivel más alto de preocupación: el pánico.

En Cristo tenemos paz. Y no es como la que se suele encontrar en los recursos de este mundo. Es verdadera paz. Paz que nos habilita a vencer. Todo en tu vida va a estar bien. No te preocupes.

Cómo hacer cambios verdaderos

Para realizar cambios es clave que tomes la responsabilidad. No puedes culpar a otros. Si lo haces, nada funcionará. Nada ni nadie te ayudará. Estarás fuera de control, y no habrá ayuda ni cambio.

¿Qué pasa cuando culpas a otros?: comienza un juego peligroso. Es la búsqueda para ver quién es el culpable. No sirve. Lo que verdaderamente estás diciendo cuando culpas a tu mujer, a tu trabajo, al gobierno, a otros, es: ‘COMO NO PUEDO CAMBIAR, VOY A EMPEZAR A CULPAR A OTROS, PORQUE NO QUIERO CAMBIAR’.Es que cuando culpas a otra persona, lo que estás reflejando es algo así: ‘como yo no quiero cambiar, cambia tú’. Aunque no lo digas, esta es la verdad.

Tenemos que aceptar nuestra RESPONSABILIDAD. Al final de todo, cuando estamos solos, no podemos culpar a nadie. Donde estás HOY es tu responsabilidad. Eres tú quien se endeuda. Eres tú quien arruina o construye tu familia. No es otro. Tú eres responsable de tus hijos. Eres responsable de tus cosas. ES TU RESPONSABILIDAD.

En resumen, eres responsable de manejar tu vida. Y EL MANEJO DE TU VIDA COMIENZA EN TU ESPIRITU.

Solamente la Palabra de Dios es la que llega a lo profundo del corazón. Solo la Palabra afecta al Espíritu con una llegada a fondo para el cambio.Tienes que empezar desde tu interior. Acepta tu responsabilidad por la manera en la que piensas. Así comienza el cambio.