Lo que se dice en casa: ¿arruina o construye?

Las Palabras tienen un poder especial. Tienen un poder creativo. Todo lo que existe primero fue dicho en algún momento. Lo que se dice es muy importante.

Y si hay un lugar donde se dicen cosas es en el Hogar. Todos somos marcados, para bien o para mal, por las cosas que nos dicen en nuestra familia. Y es bueno observar el comienzo de este asunto: qué pasó con la primera familia de esta tierra, la de Adán y Eva. Dice la Biblia que Eva, en su encuentro con la serpiente, dijo:

“Podemos comer del fruto de los árboles. Pero en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario morirán”. Pero la serpiente le dijoa la mujer: ¡No es cierto, no van a morir!” (Génesis 3:2-4).

La primer arma usada por el enemigo contra la familia fue “algo que se dijo”.

Les dijo que lo que Dios decía no era cierto. Y ya sabemos cual fue el resultado de creer esas palabras. Y son muchas las ocasiones que en las familias se dicen cosas que no son ciertas. O quizá que luego nos arrepentimos de haber dicho. Tenemos que revisar lo que decimos. Lo que decimos, se transforma en lo que somos.

Un gran error que se cometen en las familias es el hecho de “asumir”, en lugar de “hablar”. Eva asumió que el hecho de que una serpiente hable era algo adecuado. Y no era normal. Ella tenía autoridad sobre todos los animales de la tierra, podía haberla callado. Y no lo hizo.

En las familias, asumimos que nuestros hijos saben, asumimos que de alguna manera aprenderán lo que no nos animamos a decirles, y que lo harán bien. Y es pura negligencia esperar que aprendan algo que no les enseñamos, para luego lamentar que les fue enseñado de la manera incorrecta, en el lugar más inadecuado.

En la mayoría de los hogares, asumimos más de lo que decimos.

Es hora de aprender a decir. Es hora de aprender a hablar. Es tiempo de utilizar palabras correctas en casa. Hablar como Dios habla. Hablar lo que Dios habla. Así explotaremos el potencial de cada uno de los integrantes de nuestra familia para bien, y no para mal.

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