Vivo la vida de otro

JESUS-EN-

Todos hemos escuchado frases como “Vive tu vida”,  “sé feliz”, o “sigue tu corazón”. Son lindas, suenan bien. Y no es incorrecta la búsqueda de la felicidad, solamente que son frases que parecen más marketineras que reales.

¿Por qué? Porque todas ellas están centradas en un sólo interés: el propio.

El hombre no puede ni quiere estar solo. Fue creado para vivir en familia, en comunidad, o al menos en asociatividad. Dios lo dice en su palabra, “no es bueno que el hombre esté solo”. Sin embargo la sociedad de hoy parece reunir una mole de solitarios. Gente que piensa en sí mismo, y se aferra a lo propio. Mientras que Jesús fue claro y dijo que las cosas son al revés:

Mateo 10:39 Nueva Traducción Viviente (NTV)

39 Si te aferras a tu vida, la perderás; pero, si entregas tu vida por mí, la salvarás.

Es cotidiano que una madre escuche a su hijo adolescente decirle “dejame vivir mi vida”. No comprende aún que la de él no es única, afecta a un todo. Muchos adultos andan por la vida diciendo, no con palabras, pero con hechos, “dejame vivir mi vida”.

Y respecto a esto el apóstol Pablo deja algo más de claridad:

Gálatas 2:20 RVR1960

20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

He aquí el secreto para vivir una vida de propósito en esta tierra: morir. Tener algo por qué morir. Pero más importante: por quién. Y mucho más importante: ¿para qué? … para que viva otro.

Pablo dice que ya no vive su propia vida; ahora vive la de otro, la de Cristo. Vivir en Cristo es la clave para una vida en abundancia. Una vida de felicidad.

Según el diccionario, “morir”, significa “terminar alguna cosa del todo”. Que cuando la gente te mire vea a Jesús; que cuando te veas al espejo veas a Jesús. Eso es terminar con la vida que te estaba haciendo perder, para comenzar con la vida que te va a hacer ganar.

 

 

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Cómo vencer la preocupación

lavadora

Así como un “lavarropas” trabaja con la fuerza centrífuga sobre la ropa al asearla, la preocupación altera nuestra mente con pensamientos negativos. Si el movimiento de las prendas dentro del tambor del lavarropas realiza un cambio de “estado” en la misma, entonces la preocupación cambia nuestra posición para alterar nuestra paz.

La preocupación es un estado mental de turbación emocional.

Aclaremos algo: las emociones de por sí no son malas. Al contrario, están con un objetivo en nuestra vida. Pero también es cierto que existen las positivas y también las negativas. Y éstas últimas te mueven a una posición fuera de la voluntad de Dios. Jesús, el ejemplo a seguir por todo cristiano dijo:

Juan 14:27
27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

La responsabilidad HOY está en nosotros. No debemos dejar que nuestro corazón se turbe. De hecho, cada vez que nos preocupamos, es por nuestra decisión. No hay dudas que los problemas vienen con el objetivo de que tengamos miedo, pero Cristo fue claro al respecto: “… ni tengan miedo”.

Cuando estamos “en Cristo”, al creer en él, nuestra posición pasa a ser la de estar junto con él. No descubrimos nada con ello, pero encierra la verdad más fundamental de un cristiano: saber quién es, lo que puede, y lo que tiene ahora. Y el enemigo siempre querrá sacarnos de esa posición. Tristemente, logra sus objetivos cuando nos preocupamos.

El miedo y la preocupación van de la mano. Por esto te animo a que hoy te preguntes: ¿Por qué me preocupo? ¿A qué le tengo miedo? ¿A dónde me lleva esto?. Si la fe viene por oír la Palabra de Dios, como dice la Biblia, el miedo viene por oír o pensar en lo malo que podría pasar.

Pensemos en esto: las áreas de duda en nuestra vida, siempre traerán temor.

No dejes que el miedo te domine. No vivas preocupado. Muchos le dan tanto lugar a todo esto, que llegan al nivel más alto de preocupación: el pánico.

En Cristo tenemos paz. Y no es como la que se suele encontrar en los recursos de este mundo. Es verdadera paz. Paz que nos habilita a vencer. Todo en tu vida va a estar bien. No te preocupes.

Cómo hacer cambios verdaderos

Para realizar cambios es clave que tomes la responsabilidad. No puedes culpar a otros. Si lo haces, nada funcionará. Nada ni nadie te ayudará. Estarás fuera de control, y no habrá ayuda ni cambio.

¿Qué pasa cuando culpas a otros?: comienza un juego peligroso. Es la búsqueda para ver quién es el culpable. No sirve. Lo que verdaderamente estás diciendo cuando culpas a tu mujer, a tu trabajo, al gobierno, a otros, es: ‘COMO NO PUEDO CAMBIAR, VOY A EMPEZAR A CULPAR A OTROS, PORQUE NO QUIERO CAMBIAR’.Es que cuando culpas a otra persona, lo que estás reflejando es algo así: ‘como yo no quiero cambiar, cambia tú’. Aunque no lo digas, esta es la verdad.

Tenemos que aceptar nuestra RESPONSABILIDAD. Al final de todo, cuando estamos solos, no podemos culpar a nadie. Donde estás HOY es tu responsabilidad. Eres tú quien se endeuda. Eres tú quien arruina o construye tu familia. No es otro. Tú eres responsable de tus hijos. Eres responsable de tus cosas. ES TU RESPONSABILIDAD.

En resumen, eres responsable de manejar tu vida. Y EL MANEJO DE TU VIDA COMIENZA EN TU ESPIRITU.

Solamente la Palabra de Dios es la que llega a lo profundo del corazón. Solo la Palabra afecta al Espíritu con una llegada a fondo para el cambio.Tienes que empezar desde tu interior. Acepta tu responsabilidad por la manera en la que piensas. Así comienza el cambio.