El hombre que tenía una deuda

Cuenta la Biblia que cierto hombre vivió un día una situación muy particular. Necesitando agrandar el lugar donde habitaba, acompañado, descendió cerca de un río en busca de madera:
“Cuando llegaron al Jordán, cortaron árboles. Pero sucedió que cuando uno de ellos estaba derribando un tronco, el hierro del hacha se le cayó al agua; y gritó, y dijo: ¡Ah, señor mío, era prestado!” (2 Reyes 6:4-5).
Muchas son las personas que se encuentran frente a situaciones similares a lo largo de su vida. Y me refiero al hecho de “pedir prestado”. Si bien existen ocasiones muy precisas donde endeudarse puede llegar a ser beneficioso (por ejemplo, para invertir en algo que generará más interés que el que me causó dicha deuda), en general, las deudas son un problema.
Este hombre, saca a la luz la noticia de que esa hacha no era suya al momento de perderla. Es muy probable que los que lo acompañaban no lo supieran, por la forma en la que lo expone. Estamos frente a un hombre que pretendía mostrar algo que no era.
Y es que la deuda es una licencia para “pretender” algo que no se es, o no se tiene.
A pesar de la situación que estemos atravesando en lo financiero, todos podemos tomar la decisión de estar libres de deudas. No es una cuestión de un momento. Es un tema de educación. Todos los días vemos personas que usan su tarjeta de crédito para mostrarse algo que no son, y tener algo que aún no es suyo. Tú puedes desarrollar tu carácter, y pasar a ser de los que “prestan”, y no de los que piden prestado (Deuteronomio 28:12).
Recuerda: lo que uno hace por el bien del mañana se llama “inversión”. Pero el disfrutar el hoy, al costo del mañana, se llama “deuda”.
La Biblia habla mucho acerca de estos temas. Es hora de escuchar qué dice, en lugar de prestar nuestros oídos a una sociedad que nos empuja a consumir, por encima de otras cosas, sin tomar decisiones bien pensadas. Si deseas salir de esta situación, debes saber que estás a tiempo. Y Dios no sólo puede ayudarte, sino que ese es su deseo.
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