¿Por qué ocurren los retrasos?

retrasos

Creo que todos en algún momento de nuestras vidas, y en determinadas circunstancias, nos hemos preguntado: “¿Por qué todavía no llegó? ¿No debería de haber venido a mi vida?”. Por qué las cosas no suceden en el tiempo y la forma que esperamos, nos quita el sueño. Ya quisiéramos un ascenso laboral, ya quisiéramos terminar los estudios, ya quisiéramos estar viendo los resultados que esperamos. Pero parece evidente que siempre hay algo que genera retrasos en nuestras vidas, más allá de las cosas que por lógica llevan su tiempo y su proceso. Claro, los tiempos. Justamente lo que a veces no entendemos.

En la Biblia encontramos 3 tipos de retrasos, y podemos detallarlos en este porcentaje de ocurrencia:

1. Ocasionalmente, Dios.

2. Frecuentemente, el enemigo.

3. Casi siempre, uno mismo.

Veamos algunos fundamentos al respecto. Si Dios fuera la causa por la cual las cosas no llegaron aún, será porque Él considera que algo mejor hay para este tiempo. Hay un ejemplo claro en Hechos 16:

6 Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; 7 y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.

A Pablo, no se le permite ir aún, no porque Dios no quería que llegue la Palabra allí, sino porque Él tenía una cita divina previa (ver Hechos 16:8-9).

Que el enemigo provoque retrasos o al menos lo intente, no es novedad. El mismo Pablo dijo en 1 Tesalonicenses 2:17-18 “17 Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro; 18 por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó”.

La mayoría de los retrasos no vienen de parte del Creador. Generalmente somos nosotros mismos, y a veces claro, el enemigo puede estar detrás. Pero es nuestro desconocimiento del plan de Dios, y nuestras propias confusiones las que atrasan nuestro destino divino. Tenemos que meditar acerca de las decisiones que tomamos, porque son casi siempre la fuente de los retrasos:

Hageo 1 dice en el versículo 6 y 7: 6 Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. 7 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.

Ellos no veían resultados. Y Dios les dice que revisen lo que están haciendo. Si es tu caso, ya sabes entonces lo que tienes que hacer.

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Acercándote a otros a la manera de Dios

La forma en la cual un hombre establece sus relaciones, o la manera en la cual una mujer aplica su criterio para compartir tiempo, suele ser casi un misterio. Cada uno tiene su librito, porque le sale así, o porque lo practicó con alguien, o bien se lo enseñaron. ¿Pero qué tal observar qué dice la Biblia al respecto?:

El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo;
Y amigo hay más unido que un hermano (Proverbios 18:24)

Mostrarse significa “acercarse”. Y el mejor acercamiento que podemos tener con el sexo opuesto es siendo reales. Siendo quienes somos. Mostrar algo irreal, o inventar lo que no somos, no tiene sentido. Un amigo se muestra amigo. No de otra forma.

Eso se llama tener carácter: permanecer siendo el mismo al pasar por la circunstancia. Y no querer mostrar falsedad, algo imposible de sostener en el tiempo.

Nunca irás por encima del nivel de tu carácter.

Cada decisión que tomamos muestra si tenemos o no carácter. Y elegir la gente con la que pasamos el tiempo es la mejor muestra de quiénes somos, qué es lo queremos, y hacia dónde vamos. ¡Elijamos relacionarnos a la manera de Dios!.

Cómo vencer la preocupación

lavadora

Así como un “lavarropas” trabaja con la fuerza centrífuga sobre la ropa al asearla, la preocupación altera nuestra mente con pensamientos negativos. Si el movimiento de las prendas dentro del tambor del lavarropas realiza un cambio de “estado” en la misma, entonces la preocupación cambia nuestra posición para alterar nuestra paz.

La preocupación es un estado mental de turbación emocional.

Aclaremos algo: las emociones de por sí no son malas. Al contrario, están con un objetivo en nuestra vida. Pero también es cierto que existen las positivas y también las negativas. Y éstas últimas te mueven a una posición fuera de la voluntad de Dios. Jesús, el ejemplo a seguir por todo cristiano dijo:

Juan 14:27
27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

La responsabilidad HOY está en nosotros. No debemos dejar que nuestro corazón se turbe. De hecho, cada vez que nos preocupamos, es por nuestra decisión. No hay dudas que los problemas vienen con el objetivo de que tengamos miedo, pero Cristo fue claro al respecto: “… ni tengan miedo”.

Cuando estamos “en Cristo”, al creer en él, nuestra posición pasa a ser la de estar junto con él. No descubrimos nada con ello, pero encierra la verdad más fundamental de un cristiano: saber quién es, lo que puede, y lo que tiene ahora. Y el enemigo siempre querrá sacarnos de esa posición. Tristemente, logra sus objetivos cuando nos preocupamos.

El miedo y la preocupación van de la mano. Por esto te animo a que hoy te preguntes: ¿Por qué me preocupo? ¿A qué le tengo miedo? ¿A dónde me lleva esto?. Si la fe viene por oír la Palabra de Dios, como dice la Biblia, el miedo viene por oír o pensar en lo malo que podría pasar.

Pensemos en esto: las áreas de duda en nuestra vida, siempre traerán temor.

No dejes que el miedo te domine. No vivas preocupado. Muchos le dan tanto lugar a todo esto, que llegan al nivel más alto de preocupación: el pánico.

En Cristo tenemos paz. Y no es como la que se suele encontrar en los recursos de este mundo. Es verdadera paz. Paz que nos habilita a vencer. Todo en tu vida va a estar bien. No te preocupes.

Impedimentos para alcanzar tus sueños

Existen 2 grandes limitantes en la vida de las personas a la hora de alcanzar un sueño: 1) Las personas con las que anda, y 2) Los lugares a los que va.

Lo interesante es que pueden también ser las 2 razones que potencien el sueño. Por esto tienes que ser muy cauteloso en lo que a sueños o planes respecta. Tan fuerte es esto, que la Biblia lo describe así:

Proverbios 13:20

Traducción en lenguaje actual (TLA)

20 Quien con sabios anda
a pensar aprende;
quien con tontos se junta
acaba en la ruina.

No compartas cosas imposibles con los que no creen que con Dios TODO es posible. La atmósfera correcta la creamos según la gente con la que nos rodeamos. Incluso habrá algunos que quieran sacarte del sueño de Dios. Tal vez familiares. O personas que ames. No puedes rodearte de gente negativa. Cuando necesites apoyo, necesitas rodearte de gente de fe.

Generalmente, los que no sueñan SON MAS que los que sueñan. Esto quiere decir que tendrás que ser MUY selectivo. Pueden robarte el sueño de tu corazón.

No compartas tus sueños con los que no sueñan.

Júntate con aquellos que creen y practican la fe. Acércate a los que te suman, aléjate de los que te restan. Si algún amigo trae división, cámbialo por alguno que te ayude a multiplicar lo que ya tienes. Es mejor soñar; es mejor creer. No dejes que alguien te lo impida.

No le debas nada a nadie

Las deudas no suelen ser nada bueno. Eso no quiere decir que pedir prestado sea siempre malo. Si uno es inteligente y administra correctamente, se puede sacar un beneficio. Pero la verdad es que no es “lo mejor”. Mejor sería ser de los que prestan, antes de ser de los que piden prestado. La Biblia es una buena referencia para esto:

Romanos 13:7-8

Así que páguenle a cada uno lo que deban pagarle, ya sea que se trate de impuestos, contribuciones, respeto o estimación.No le deban nada a nadie. La única deuda que deben tener es la de amarse unos a otros. El que ama a los demás ya ha cumplido con todo lo que la ley exige.

Salir de las deudas siempre nos conviene. Y llegar al punto de no deberle nada a nadie, también. Simplemente el amar; eso es algo que tendríamos que hacer toda la vida.

La Biblia habla mucho de este tema. Y hasta dice que el deudor se vuelve esclavo de aquel que le prestó (Prov. 22:7). Es clave en la vida de un buen administrador salir de una situación como esa.
Todos tenemos algo para manejar. Pequeño o grande, a todos se nos ha dado algo. Y debemos saber invertir correctamente. Y pagar lo que debemos.

Inversión: esfuerzo que uno hace hoy, por el bien del mañana.
Deuda: lo que uno hace para disfrutar hoy, al costo del mañana.

Es un buen día para hacer lo que hay que hacer. Y salir de las deudas; se empieza dando un primer paso.

¿En qué lugar tendría que vivir?

DondeVivir

Deuteronomio 11:10-12

Nueva Versión Internacional (NVI)

10 Esa tierra, de la que van a tomar posesión, no es como la de Egipto, de donde salieron; allá ustedes plantaban sus semillas y tenían que regarlas[a] como se riega un huerto.11 En cambio, la tierra que van a poseer es tierra de montañas y de valles, regada por la lluvia del cielo.12 El Señor su Dios es quien la cuida; los ojos del Señor su Dios están sobre ella todo el año, de principio a fin. 


Una pregunta práctica que nos hacemos es donde vamos a vivir. Y Dios tiene un lugar para nosotros sobre el cual sus ojos están puestos siempre. Es el lugar de la bendición.
Y hay algunos consejos prácticos que uno puede encontrar en cualquier lado: hablar con algunas personas, no olvidar nuestras raíces, ni tampoco apurarnos.

Pero hay algo más grande: Saber que piensa Dios de esto. Dónde se supone que debo estar.
Nunca nos tomamos el tiempo para preguntarle a Dios donde quiere que estemos. Cual es el lugar que el eligió para cada uno de nosotros.
Adán fue puesto en el Jardín. Ese era el lugar de bendición para él. Tienes que saber que el lugar donde te localices será significativo a la hora de recibir bendiciones.

¿Donde debo estar?¿Con quién me tengo que rodear?¿A que Iglesia voy a ir?

Lo que debo saber es que cuando yo sé cuál es la iglesia correcta, mi casa espiritual, todo lo demás se va a ir alineando.

Y la mayoría se muda a un lugar por el trabajo, y donde está el trabajo, busca una iglesia. Y debería ser al revés. Claro que muchas veces aparecerán oportunidades laborales, y es entendible, pero allí más que nunca debería estar atento a la pertenencia en lo espiritual. En resumen: primero pensar en cuál es el lugar donde desarrollaré mi vida espiritual, y todas las demás áreas serán más fáciles de ordenar. Primero Dios, luego yo.

Tal vez la respuesta no sea inmediata, pero debo agradecer por la respuesta, hasta que Dios me la dé.
Hay UN LUGAR donde Dios arregló todas las cosas que vas a necesitar. Seguro lo encontrarás.

¿Eres rico o eres pobre?

 

Las personas suelen tener una idea pre-concebida de lo que es ser rico. Piensan, en su mayoría, que está relacionado a la cantidad y calidad de los bienes que poseen. De tener mucho, y en una medida superior a la media, se considerarían ricos. De tener lo mismo que los demás, se verán como personas comunes. Y de tener menos que el resto, pensarán que son pobres.

La Biblia nos muestra otro concepto acerca del ser rico:

2 Corintios 9.6-8  6 Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará.[a]7 Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría.8 Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes.

Siempre encontramos la palabra riqueza relacionada con prosperidad y abundancia. Es interesante mirar, que la abundancia tiene un fin en lo que acabamos de leer: el poder compartir con otros, haciendo buenas obras. No por casualidad está ligado al dar. Compartir con otros, y dar con alegría, no obligados, sino disfrutándolo, es la clave para el progreso y la riqueza.

La pobreza, la cual podríamos definir como lo hace la Biblia en su versión hebrea y griega, significa un “estado de mendigo”. Es estar siempre pidiendo algo. Por lo cual no necesariamente alguien es pobre por no tener bienes. Si se la pasa pidiendo, reclamando, necesitando buscar algo para cubrir lo propio, es una persona pobre.

El salmista dijo: “No he visto justo desamparado, ni su descendencia que MENDIGUE pan”.

Un justo no anda mendigando. El peor estado de un hombre no es perderlo todo; es, habiéndolo perdido todo, ponerse a mendigar.

Por el contrario, tener prosperidad, es no tener la necesidad de tener que pedir. Es tener para dar. Es tener para elegir. Es tener “muchas opciones”. No es tener bienes. Es poder elegir entre los bienes que uno quiera. Eso es prosperidad.

Dios dice que si sembramos mucho, tendremos mucho. Dios dice que puede hacer que tengamos todo lo necesario, en toda circunstancia, y para toda buena obra que queramos hacer. Se trata de una decisión: ¿quieres ser pobre? ¿quieres vivir siempre pidiendo? ¿o prefieres tener opciones para elegir?. El secreto está en tu interior. Si tu interior prospera y cambia, todo en el exterior también lo hará.

Disciplina para alcanzar las metas

 

Todos tenemos alguna historia respecto al lavarse los dientes. Propia, de algún hermano o un familiar, pero podemos coincidir en algo: al principio, mamá o papá nos tenían que insistir en hacerlo. Algún día lo olvidábamos, otro no teníamos ganas. Pero hay algo que es real hoy, y es que al ser adultos, ni pensamos en hacerlo: simplemente lo hacemos. Sabemos que es por nuestra conveniencia, y se nos volvió un hábito diario.

De eso se trata un hábito: algo que hacemos sin pensar.

Parece algo pequeño, pero es un buen ejemplo. En algo nos volvimos disciplinados: en cepillarnos los dientes. Lo hacemos todos los días, y no fallamos. Pero no fue algo de un día para el otro, tomó un tiempo. Fue un proceso.

Funciona en el caso inverso: no nos volvemos indisciplinados de golpe. Es de a poco. Una persona no aumenta de peso de un día para el otro, sino que al ser indisciplinado un poco un día, otro poco otro día, sin cuidar lo que come, en determinado momento encontrará que su peso ya no es el mismo. Y que no lo puede cambiar en un instante.

Sabemos entonces, que en lo que sea que nos disciplinemos, obtendremos un hábito. Y por supuesto existen hábitos buenos y malos. Será tiempo de corregir hábitos, y disciplinarse para alcanzar metas. Porque si en el año que comienza queremos ver cambios, hay algo que tenemos que saber:

En todo lo que nos volvamos consistentes, veremos cambios.

Y claro, nuevamente, funciona a la inversa: en lo que no soy consistente, en lo que comienzo y luego abandono, NUNCA veo cambios.

Jesús le dijo en cierta ocasión a sus seguidores: “Si se mantienen en mis palabras, serán verdaderamente mis discípulos” (Romanos 8:31). La palabra discípulo habla de uno que se disciplina en seguir. El principio es que podemos ser personas disciplinadas siempre que nos mantengamos en algo. Y si lo hacemos en la Palabra de Dios, sabemos que el éxito está asegurado.

¿Queremos alcanzar metas nuevas? Hay que disciplinarse. Para el que cree, nada es imposible.

Ser agradecido en TODO

En cierta ocasión, en un grupo de personas, muchos amigos y otros conocidos, decidieron que llegada la navidad y para que todos tengan su regalo, jugarían al “amigo invisible”. Todos ponen su nombre en un papel, y luego cada uno saca uno al azar. Aquel nombre que le tocó, será a quien le debe hacer un regalo. Llegado el momento de la entrega, uno de ellos se acercó con emoción por lo que había de dar, y al entregarle el obsequio a un muchacho, éste lo besó y siguió de largo. Aquel jóven emocionado pasó de la alegría a la bronca, diciendo: “nunca más le regalo nada; ni gracias me dijo”.

¿Cuántas veces pasamos por la misma situación? Regalamos o damos algo, y no recibimos ningún reconocimiento por ello. Y el primer sentimiento es, o quitarle el regalo, o bien decidir nunca más darle nada a dicha persona. Pero considero que la pregunta más importante es: ¿Cuántas veces fuimos nosotros los desagradecidos?

Es demasiado importante el ser agradecidos como para pasarlo por alto. El problema es que muchas veces esperamos cosas de la gente, y esas cosas no llegan. Y en lugar de esperar de los demás, deberíamos celebrar lo que ya tenemos. Termina un año y nadie puede decir “yo no recibí nada”. Por más mínimo que sea, debemos ser agradecidos. Es un recurso que no podemos dejar de usar, un poder que está en nuestras manos.

La Biblia nos dá una diferenciación clave:

“Den gracias a Dios en cualquier circunstancia. Esto es lo que Dios espera de ustedes, como cristianos que son” (1 tesalonicences 5.18 / Traducción lenguaje actual).

Otra versión de este versículo dice “den gracias en todo”. No dice que agradezcamos “por todo”.

Nadie quiere agradecer por las cosas malas que ocurren. Pero sí ser agradecidos “en todo”; en toda circunstancia, en toda situación.

¿Se puede ser agradecido al finalizar el año? Si. ¿Aunque no haya sido un buen año? Si. De esta manera veremos activarse en nuestras vidas la respuesta a cualquier problema que enfrentemos. Sea cual sea la situación negativa, si es que existe, no estamos solos. Dios nos acompaña. En cada situación, Cristo es la solución.

¡Gracias Dios por este año que me has dado!

Cómo hacer para no ofenderse

 

A todos nos habrá pasado. Ofendidos por algo, o bien ofendidos con alguien. ¿Será posible evitar dicha situación?. La ofensa tiene que ver con el resentimiento, sea por un ataque o agresividad recibida, o por una injusticia vivida. Cualquiera sea el caso, no tiene nada de divertido. Al contrario, nos hace entrar en una rueda difícil de salir.

La palabra “ofensa” es traducida en la Biblia como “tropiezo”. De hecho, la palabra griega para ofensa es “skandalon”. Significa escandalizarse, que es literalmente “caer en una trampa”.

Y esa es la clave: la ofensa es una trampa. Como un anzuelo para el pez, es la ofensa para el hombre.

Supongo que la única manera de evitar algo que puede ocurrir es sabiendo de que eso viene. Si el servicio meteorológico nos permite saber cómo vestirnos, o cómo salir a la calle, saber qué puede ocurrir con la ofensa nos ayudará a estar preparados. De eso se trata: estar preparados.

Hay ciertas palabras en el Evangelio de Lucas, capítulo 17, dichas por Jesús a sus discípulos: “Los tropiezos (ofensas) son inevitables, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!”. Las ofensas siempre van a venir. Es inevitable. Siempre habrá una ocasión, siempre habrá una persona, siempre habrá algo o alguien que nos irrite. Pero sabiendo que no podemos evitar que vengan esas situaciones, hagamos lo que sí podemos: estar preparados. Y aquel que nos hizo algo, será quien tenga el problema, no nosotros.

A la mayoria de la gente no le gusta los ejercicios físicos. Duelen. Pero después de un tiempo se disfruta porque nos hacen sentir bien. A nadie le gusta ser agredido, o vivir alguna injusticia. Pero esas cosas, mientras estemos en este mundo, van a suceder. Y es mejor entrar en el proceso de preparación, y ya no caer más en la trampa. Enojarse con otros, ofenderse, estar mal con las personas, siempre será de tropiezo. Tenemos que estar listos. Y llegará el día donde lo que nos digan o hagan, ya no será para nosotros causa de preocupación.